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Educación y Democracia

 

 En el seminario Democracia y Comunidad "el Humanismo Cristiano como fundamento del Chile futuro" el senador por la circunscripción 13 (Biobio interior)  se refiere a la construcción de la democracia desde la educación. 

 

 La educación y la democracia son para los democratacristianos una materia que nos es inherente, propia, desde hace muchas décadas. En los años sesenta, en el gobierno de Frei Montalva (1964-1970), se hizo una cuantiosa inversión en educación y una ambiciosa reforma de profundas repercusiones en la historia contemporánea.

 

La democracia sin apellidos es el concepto más amplio para una democracia integral, que es parte fundamental de nuestra esencia, nuestro ADN. En esta perspectiva, esta intervención busca concordar, relacionar y hacer una secuencia integradora de ambos objetivos; democracia y educación. En otras palabras, la educación, en cuanto un derecho inalienable desde la infancia, es una herramienta fundamental para lograr una democracia estable y sólida, pero además el camino a construir una sociedad más comunitaria.

 

La Democracia Cristiana es humanista, dado que considera a la persona humana como el centro del universo, y a la libertad y su expresión democrática como la posibilidad de recoger sus expresiones; nuestra concepción se sustenta en algunos elementos que son esenciales y que es la única forma de resolver las controversias entre la libertad para cada uno y la justicia para todos.

 

La democracia exige la libertad como esencia del pensamiento. “Nada hay más grande que la libertad, Sancho, del hombre, que viene de Dios, y es el mayor bien de las riquezas de la tierra y los tesoros del mar” ha dicho Don Quijote. Es la manera racional de permitir la participación de los ciudadanos para darles sustento y actividad a los gobiernos y acciones de cada institución. La democracia es la única forma de gobierno, que se retroalimenta en sus propios actos para avanzar en las estructuras y proyectos, y lograr los cambios requeridos de la sociedad.   

 

Somos también cristianos para concebir que las estructuras sean válidas en cuanto permiten el cambio interior de cada uno de nosotros hasta comprender y buscar la luz eterna. Esta es la visión democratacristiana. Existen otras visiones humanistas, pero a la larga, salvo las que son restrictivamente dictatoriales, entienden que no hay posibilidades de cambio en la sociedad si no se produce una cambio interior, es decir, el “hombre viejo” por el “hombre nuevo”, como dice San Pablo.

 

Desde nuestra ética, esa democracia solo se legitima si se logra la igualdad de oportunidades, los espacios para aprovecharlos, y las condiciones sociales, culturales y económicas.  Finalmente, la pregunta es: ¿Lo hemos logrado en los últimos tiempos? Creo que no, se ha progresado, pero es reconocible la necesidad de avanzar en posiciones fiables y no solo aprovechando las ocasiones puntuales, sin posibilidad de pensarlo mucho, que terminan siendo un retroceso pues no se sabe dónde aterrizan, y podrían volver las fuerzas más conservadoras a dirigir el país. No lo hemos logrado, y no se hará mientras se mantenga la actual brecha de ingresos.

 

La rapidez del crecimiento económico produce esta diferencia de ingreso, permitiendo que la democracia que se busca perfeccionar, genere diferencias entre los más ricos, del 1% de mayores ingresos, con los asalariados que tienen ingresos entre los 200 o los 150 mil del sueldo mínimo, una diferencia equivalente a 2465 años. Es decir, que en un año trabajado ese 1% más rico gana lo que otro con el salario mínimo tendría que trabajar 2465 años para equiparar. Esto ha sido negado por economistas y políticos, expresando que eso no es verdad, pero les pido que saquen la cuenta. En estas condiciones, la democracia no es perfecta, por tanto, es una tarea que los democratacristianos y los que creen en la justicia social deben realizar.

 

Como se sabe, la educación es un requerimiento esencial para los humanos y para construir una democracia comprensible, querible, respetable, y respetada, y sobre todo defendida de sus detractores, que pueden destruirla. Es decir, sin educación y cultura no es posible la democracia.

 

La democracia debe transformarse en un mecanismo de unidad para avanzar, libertad para discutir, y que no se haga imposible usarla para efectos del desarrollo. Nosotros lo tenemos que compartir, pero no solo entre nosotros sino también con los socialistas, los humanistas, los sectores de derecha humanista, que también son capaces de generar este planteamiento para avanzar en el mejoramiento de la democracia.

 

Finalmente, la educación pública como eje central, con una inversión suficiente y prioritaria del Estado, con libre capacidad para los privados en el marco constitucional, conforme a los criterios que se han dado a través de las organizaciones estatales o parlamentarias.

 

 

 

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